Venados, con tiempo para corregir errores y armar plantel casi nuevo

Bruno Marioni salvó un barco que parecía hundirse

Rodrigo Corona Gaspar
Foto: Jam Media
La Jornada Maya

Viernes 21 de abril, 2017

Ya son cuatro los torneos en que los Venados no clasifican a la Liguilla, dos menos que el Cruz Azul, a quienes una bruja les acaba de hacer una limpia.

Tal vez la solución a la que se recurrió para los celestes, próximos a cumplir 20 años sin ser campeones, no sea lo que necesiten ahora los ciervos. Su malaria aún se puede explicar por mala planeación por parte de sus directivos y no por una causa sobrenatural.

En este Clausura 2017 repitieron el último lugar en cuanto a goles recibidos con 34, la misma cantidad del semestre pasado. Además, es casi nulo su poder ofensivo, sobre todo en este torneo en el cual sumaron 17 goles en el mismo número de encuentros. En el anterior fueron 20 y si sacamos el promedio del año futbolístico queda en 0.5 goles por partidos.

Los Venados tuvieron dos caras en este torneo, una peor que la otra.

La primera fue comandada por José Luis Sánchez Solá, mejor conocido como el Chelís. El poblano llegó en la jornada 6 del Apertura 2016 y en los 12 encuentros que dirigió en su primer semestre tuvo récord de cinco victorias, tres empates y cuatro derrotas.

Incluso en aquella ocasión logró una racha de cinco partidos sin perder en casa, de los cuales cuatro fueron victorias (contando la fecha uno del Clausura fueron seis). Sánchez Solá y los Venados se quedaron a punto de clasificar a la Liguilla, luego de estar en el último lugar por más de cinco jornadas consecutivas. El Chelís los hizo subir hasta la posición 14 de la porcentual, por lo que su renovación era obligada. Debido a que el comentarista de ESPN firmó sólo por los 12 primeros encuentros, se tuvo que negociar con él y aprovechando el gran paso, logró que le aumentaran el sueldo, que rondaba los 700 mil pesos.

A revivir carreras

Es bien conocido que los ciervos no gozan de gran presupuesto, por lo que para quedarse con el Chelís se tuvo que reducir lo que se gastaría en reforzar al equipo. Con el poco dinero que se tenía, el poblano decidió revivir las carreras de ex jugadores con los que logró el ascenso del Puebla en 2007 y que se encontraban libres. En total fueron 17 los futbolistas que se trajeron, de los cuales cinco llevaban al menos un semestre inactivos.

Los que más tiempo llevaban sin jugar eran Juan Carlos "Kabe" García (ex auxiliar del Chelís), Carlos Ortega y Gustavo Anzaldo; los dos primeros llevaban tres años sin jugar y el último cuatro.

De los tres el único que tuvo actividad fue Anzaldo, quien sólo jugó 103 minutos en dos partidos; los otros no debutaron ni en la Liga ni en la Copa.

El experimento de los Chelís Boys fue un fracaso desde cualquier punto por el que se le mire. El único jugador de los que trajo Sánchez Solá que funcionó fue Manuel López Mondragón, quien irónicamente se ganó un lugar en el equipo con Bruno Marioni, el técnico de la otra versión astada.

Las cifras finales que dejó el poblano en seis partidos (entre Copa y Liga) fueron cinco derrotas y una victoria. Después de ganar 2-0 en casa ante los Loros en la fecha uno, parecía que iba a ser un buen torneo; seis encuentros después el Chelís, argumentando “problemas familiares” abandonó al club. Así concluyó la primera parte del semestre astado: en el último lugar, siendo la peor defensa y con la amenaza del descenso cerca.

La segunda mitad fue sorpresivamente mejor.

La directiva yucateca anunció la contratación de Bruno Marioni, el último gran "killer" del área chica de los Pumas de la UNAM, quien hacía su debut como entrenador. A simple vista parecía que más que buscar lo deportivo, los dirigentes astados querían seguir ganando en las taquillas, trayendo a técnicos con nombre, pero sin experiencia o resultados que los respalden.

Y otra vez callaron bocas, tal vez sin proponérselo. El Barullo, después de tres goleadas, ante Dorados, Celaya y uno de los peores equipos, los Cafetaleros; logró una racha de seis partidos sin perder (dos victorias).

Orden en defensa

Lo más importante de su dirigencia fue que logró encontrar el orden en defensa, ya que en cinco de los seis no le metieron más de un gol. Dos jugadores claves fueron Facundo Ospitaleche, quien pasó a ser un quinto defensa, y Mondragón, quien se convirtió en líder de la zaga (ocupó el lugar del capitán Rodrigo Íñigo, quien no juega por lesión desde el 27 de enero). Un gran acierto fue regresar al equipo a Leandro Navarro, quien metió cinco de los 17 goles del semestre. El argentino estuvo borrado con Sánchez Solá.

Al final los ciervos evitaron descender (finalizaron en la posición 16, en la cual empezarán el siguiente semestre) y en la 16 de la tabla general con 15 puntos, de los cuales 12 consiguió el Barullo. El único pendiente -debido al contexto era una misión casi imposible-, fue no clasificar a la próxima Copa MX, pero Marioni cumplió con un equipo plagado de lesiones y que nadie daba un peso por él.

Conclusiones

El error principal corre por parte de la directiva, que puso todas sus esperanzas en el Chelís.

Le armaron un equipo lleno de veteranos y amigos de él. Fueron baratos, pero al final inservibles. El Barullo, salvo Mondragón, Odín Patiño, Alejandro Vela y Luis Sánchez, terminó jugando con la base del semestre pasado.

Extraoficialmente el 90 por ciento del plantel se irá. Será clave no fallar en las contrataciones para la zaga, donde habrá bajas importantes. Nunca se pudo encontrar a un lateral izquierdo natural (se habilitó a Sánchez) y el defensa central Rodrigo González termina préstamo y deberá incorporarse a los Pumas, el nuevo dueño de su carta.

Son pocos los jugadores que se deberían quedar. Los rescatables son Mondragón, González, Ospitaleche (se rumora será comprado por los Pumas), Navarro (el MVP de esta temporada) y Freddy Martín.

Hay tres meses para planear una mejor temporada y hacer movimientos inteligentes.