Palabras, mujer y el estado mexicano

Renacimiento Mexicano

Hilda Sotelo
Foto: José Carlo González
La Jornada Maya

Viernes 12 de mayo, 2017


En el distrito 9, en Ciudad Juárez, se encuentra Casa Amiga Esther Chávez Cano, un centro de atención a víctimas de la violencia. Esther Chávez Cano pasó por toda clase desventuras, con poco o nulo apoyo de las instituciones oficiales. A pesar del asesinato de su asistente, dio pasos firmes hacia la justicia y protección a las mujeres de la ciudad, y en algunas ocasiones se cobijó en el feminismo que apenas asomaba su rostro en la frontera.

La paradoja es que este mismo distrito es representado estatalmente una mujer panista, quien usó la palabra feminazi cuando ni siquiera dialogamos cabal sobre equidad de género. La diputada -cuyo nombre omito en esta ocasión*- intenta visibilizar la Ley de Trata de Personas en México, y propone ajustes que aterricen la realidad del estado de Chihuahua.

En uno de sus foros, usó la palabra feminazi para referirse a las jóvenes feministas de la región. A través de Facebook, la invité a usar la palabra sororidad en lugar de feminazi. Según Marcela Lagarde, sororidad se define como una dimensión ética, política, y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y la alianza existencial y política. Al no obtener respuesta a través de las redes sociales -las cuales la diputada emplea astutamente- asistí al foro contra la trata de personas, convocado en Ciudad Juárez, pero la legisladora se negó a contestar mis preguntas, alegando que la ley contra la trata de personas no se relaciona al feminismo.

En el panel se presentaron pastores cristianos, el presidente municipal, otra diputada, la fiscalía municipal y Samuel González, ex alumno de Umberto Eco, indiferente al tema sobre equidad de género, encargado de teorizar la ley sobre trata de personas en México.

Durante su intervención, no hizo mención alguna sobre el artículo 3 en el párrafo 2 de la Ley de Trata de Personas que dice: “Perspectiva de género: Entendida como una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres y las relaciones entre ellos en la sociedad, que permite enfocar y comprender las desigualdades socialmente construidas a fin de establecer políticas y acciones de Estado transversales para disminuir hasta abatir las brechas de desigualdad entre los sexos y garantizar el acceso a la justicia y el ejercicio pleno de sus derechos”. Samuel Gonzalez descarta la “ambigüedad constructiva” y pide “claridad” si se pretende dar continuidad a la Ley. A través de la ambigüedad constructiva, se abre a las interpretaciones posibles que se le puede dar a un texto. Mi pregunta es, ¿cómo se alcanza la claridad sin pasar por la ambigüedad?. Ahí el temor a dar espacio a las ideas feministas que han sido consideradas históricamente subjetivas, oscuras, dudosas, vacilantes, ambiguas.

Mi observación con respecto al empleo de la palabra feminazi y el foro es la siguiente: se está violentando la misma ley al abusar del poder. Lo que me llama la atención en el comportamiento de la diputada es la artimaña tras la mordaza, al no permitirme expresar mi punto de vista debido a la “amenaza” que representa explorar y conocer el feminismo en Ciudad Juárez, amenaza al dios padre, al dios justicia, a dios corrupto, al dios todo poderoso que bajará hecho hombre, al dios dañino mexicano y a la “claridad” manifiesta y otorgada por los expertos.

Entramos en el espejo humeante cuando la mujer le duele abrir los ojos a la realidad y hacerlo a través del feminismo porque si las mujeres que intuitivamente rechazan el feminismo lo hacen movidas por el miedo, el terror de verse patriarcales al ejercer la política, la educación, el arte, la escritura y hasta el propio feminismo en el país, el terror de ver las estadísticas, la crueldad a la que hemos sido sometidas, el temor de verse dentro. Tanto es el miedo que la diputada en lugar de traer guardaespaldas, trae a los pastores cristianos para que la protegan del “mal”, tristeza me dio al saber que en esta ocasión, mi voz feminista pasó a la categoría de diablo, no es de extrañarse que la diputada cargue y hasta arrulle la palabra feminazi.

El feminismo que propongo es naciente, propio de la frontera, con lecturas occidentales dirigidas a lo holístico, la desmitificación y creación de nuevos mitos, lecturas filtradas en lo mestizo de las feministas chicanas y las mexicanas de la frontera del país. Es un feminismo de nueva consciencia, generador de palabras y párrafos de sintaxis desenvuelta, lejos de la rigidez, órgano castrante de la real academia española de la lengua, cerca del significante y significado que deconstruye los códigos de opresión y se devela libre para pensar y razonar los temas que nos atañen en colectivo.

Como funcionaria pública, la diputada está obligada a observar detenidamente su discurso político, nos afecta a todos. Bajo la sororidad, vuelvo a convocar al diálogo. Decía Confucio que si las palabras no son correctas los asuntos no se realizan, no prosperan ni la moral, ni el arte, la justicia no acierta y la nación no sabe cómo obrar. ¿Quién decide cuál es la palabra correcta?. ¿El que ostenta el poder? ¿O el que la escucha y la emplea? Desde mi perspectiva, una palabra que intenta exterminar lo que apenas nace, no aporta, no es correcta, es insensible, poco empática. Según La Biblioteca Básica Vecinal, “La palabra es el instrumento básico a partir del cual se articula y vertebra esa "otra autoridad'' que a su vez es una figura de intercambio (nadie es en si la autoridad): la autoridad fluye mediante la palabra”. Decía Cristina de Pizán (XV) primer feminista de la historia, que si los libros los hubieran escrito también las mujeres, la versión de la vida sería otra, la mujer está dotada de razón y conciencia y en México legalmente somos nuevos en la equidad de género. Es urgente reaccionar, trabajar, pensar, analizar y ponernos de acuerdo porque 2 de cada 3 mujeres en México han sufrido violencia de género. Según estadísticas del INEGI el 41.7 por ciento de los mexicanas percibe a los hombres como los principales responsables de la violencia de género.

Esperamos que con el caso de la diputada no estemos ante la presencia sutil de la violencia de género con tono y timbre de mujer. Confío en que las ambiciones políticas de la diputada no trastoquen su corazón de madre mexicana y que no tema a la actualidad de su matria.


(SIC)
*¿Para qué omitir el nombre de la diputada? Actualmente a nivel mundial estamos siendo testigos de la oleada de gobernantes y trabajadores públicos con el siguiente perfil: Escasa o nula educación escolar, muestra exacerbada al culto a la personalidad, mercaderes sin control, religiosos fanáticos, absolutistas cobijados por la democracia que al coartar la libertad de expresión favorecen la ignorancia y sus ideas sobre el “bien hacer”, en el peor de los casos, los funcionarios públicos tienen nexos con el crimen organizado. Dichos personajes, se alimentan de la confusión, el enojo, las reacciones y el número de ocasiones que su nombre es mencionado en las redes. Se recomienda, en la medida de lo posible omitir sus nombres para no contribuir a su difusión inmediata y así evitar que nos representen sin la vocación fundamental: pluralidad, el servicio, arduo trabajo, altruismo. Con mencionar el puesto que ocupan es suficiente.