El pueblito de Itzimná bajo la mirada de Wilhem Schirp

Escuchando y contando historias

Laura Machuca Gallegos
La Jornada Maya

Viernes 19 de mayo, 2017


Quienes conocemos Mérida tenemos nuestras colonias preferidas, la mía, sin duda, es Itzimná: su bella iglesia del siglo XVIII, con ese parque tan apacible, la monumentalidad y belleza de algunas casas, los árboles, la sensación de amplitud, el aire que sopla en todas direcciones, o su cercanía con el centro, son sus características más apreciables. Lo mismo pensaron nuestros antecesores del siglo XIX. Las bondades de este “higiénico y fresco suburbio” se describían así en la Guía y explicación de los juegos que se han instalado en el local de los Recreos de Itzimná: “Recrearán la vista con las arboledas de las quintas del camino; respirarán, desde que lleguen al fin del barrio de Santa Ana, de las puras brisas del mar, que vienen de Progreso, sin ser detenidas por ciudades ó bosques… Es increíble la saludable influencia del aire puro…”

Desde 1874, el Camino a Conkal comunicó Santa Ana con Itzimná, y al año siguiente, 1875, el ferrocarril entre Mérida y Progreso paraba ahí, haciendo más activo el flujo de gente. Sobre todo para la fiesta del Perpetuo Socorro, el 27 de junio. Un censo de 1879 marca que en el pueblo había 34 habitantes, tres quintas: Titzcot de Navedo, San Pedro de Castillo y Santa Bárbara, además de diez haciendas que estaban en su jurisdicción, algunas de ellas aún existen o sus nombres se perpetúan a través de los fraccionamientos que se instalaron en sus terrenos: San Antonio Sodzil (Sodzil norte), su anexa Chechén de Sodzil, San Antonio Cucul, Xuxalo, Vista Alegre, Cinta, Petkanché, Zaragoza, Buenavista y Tek. En 1883 se repartieron los ejidos entre 11 ciudadanos, que después empezaron a fraccionar. Sería el punto de partida para la construcción de nuevas quintas.

Grandes cambios también sobrevinieron cuando el tranvía empezó a llegar en 1891, al fundarse la compañía de tranvías de Mérida. Actualmente desde el centro se hacen 10 minutos en automóvil, pero a principios del siglo XX el tranvía hacía más de una hora para llegar desde el centro de la ciudad, haciendo escala en Santa Ana y en la Quinta San Fernando (donde cruzan la Avenida Cupules y la calle 60). Un acontecimiento mayor en la vida del plácido pueblo (además de las fiestas patronales) fue que en 1893 la Compañía de Tranvías de Mérida anunció la inauguración de los Recreos de Itzimná, en el mes de mayo.

Un folleto de la época describe el terreno así: “es bellísimo. Los edificios que se están levantando: la vistosa reja que los rodea: las aspas de las veletas que parecen llamar con sus largos dedos á los que las miran desde lejos: el gracioso grupo de naranjos y cocoteros que, como un oasis, adorna la extensa superficie ocupada por los juegos: el movible molino de viento que surte de agua a los más apartados rincones…” Los Recreos contaban con carrusel, coches tirados por caballos para los niños (la publicación enfatiza que a la usanza de Central Park en Nueva York), laberinto, mirador de la ciudad e incluso montaña rusa (que se instaló un poco más tarde).

Wilhem Schirp, fotógrafo alemán amateur, residente en Mérida, debió visitar Itzimná en algún día caluroso de la temporada de 1913. En la foto lo podemos ver con cuatro niños, justo enfrente de la parada del tranvía, donde también se observan las dos mulas que servían como tracción. Atrás quizá se encontraba la entrada de los Recreos, localizada justo en la manzana que ahora ocupa un colegio, a un costado de la plaza. Ese año se anunciaron en la Revista de Mérida como atractivos de la temporada un carrusel, veleta moderna, cigüeñas de vía, columpios, torneo ciclista, ola humana, rueda diabólica, además de bailes, baseball, cinematógrafo y “otros espectáculos cultos”; amenizaría la temporada la orquesta de David Valladores y habría además restaurant y sorbertería. Como escribió el músico Gustavo Río (1880-1963) en Mis memorias (Sedeculta, 2012): “realmente este fue un gran local para el esparcimiento de los habitantes de Mérida”.

Se consideraba que la gente vivía ya muy hacinada en el centro de Mérida y era preciso buscar otros espacios. Itzimná pasó a ser asiento de bellas casas de fin de semana y de verano. A nuestro fotógrafo Schirp le llamaron justamente la atención estas quintas, de las cuales sacó varias fotos. En particular la llamada Quinta de Regil, que no es la Casa Peón de Regil, que se encuentra actualmente en el número 471 de Paseo de Montejo. No sacó foto de la casa principal, sólo de las escaleras, las balaustradas, y varias de sus extensos y bellos jardines, una parte rodeada de veredas con un enorme cenote al aire libre, seguramente un regalo para los bañistas, la otra parte con pastos y varios asientos “tú y yo”, las bancas de hierro dobles, pensadas para el cortejo y la confidencia, muy de moda en el siglo XIX y que en Yucatán siguen siendo patrimonio público. En la foto se observa la fachada principal y en la reja dos columnas con remate en forma de águila. Si alguno de los lectores logra identificarla lo agradeceremos.

Poco sabemos de la historia de estas bellas casas, quién las construyó, quién vivió ahí, qué historias esconden, esta es una invitación a contarnos sus historias acerca de Itzimná, somos varios oídos dispuestos a escuchar… y a contar historias…

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