Y sin embargo, fui a Xmatkuil

Ocupaciones impropias

Jhonny Brea
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Jueves 7 de diciembre, 2017

¡Qué hermosa sensación la de ver toda tu ropa planchada! Me llevó poco más de dos horas y luego me puse a cocinar –ustedes saben, las labores propias de mi sexo–. En la noche tenía calentura porque se me olvidó que finalmente acepté llevar a La Xtabay y los engendros a Xmatkuil, y cuando el Alto Mando me lo recordó, me metí a bañar todavía caluroso, sin haberme refrescado.

La feria Xmatkuil-Modelo sigue sin decepcionarme. Con excepción de la mujer lagarto, uno puede ir cada año y encontrarse lo mismo en cuanto a atractivos, sólo que más caros. Eso empezando por el estacionamiento, que casi duplicó su precio. Así entre todos ya pagamos la pavimentación de la zona. Eso sí, te dicen que en la parte de atrás del boleto hay promociones pero… diez por ciento más en la casa de empeño no significa ningún beneficio, y el reno que entrega una compañía de teléfonos celulares es parte de su estrategia mercantil de todo diciembre; no tiene ninguna relación con la feria. En cuanto a las chevas y el mega vaso por 100 pesos, es imposible de aceptar si uno va en familia.

Pero bueno, decidí tomar la caminata como ejercicio. La domadora ya anda amenazando con que me va a inscribir a un gimnasio, ese que estará abierto las 24 horas para que no tenga pretexto, y pretende sacarme de la cocina y alimentarme como borrego orgánico: a puro zacate, ramón y waxim.

Precisamente lo que no decepciona, para bien, es la exposición bovina, y esta vez hasta equina. Tengo que reconocer que nuestros ganaderos se están poniendo las pilas y las vacas, toros, borregos y caballos están en mejora continua. También me agradó el rincón que le dejaron a la Secretaría de Desarrollo Rural, aunque esto porque los módulos le hablan con cariño a mis papilas gustativas y estómago: entre la comercialización de cortes finos de Tizimín, los eloteros de Muna, productores de salsas gourmet a base de chile habanero y un expositor que ofrecía cortes de carnero asado, encontré una auto afirmación de por qué estoy física y mentalmente impedido para ser vegano.

Todo iba tranquilo hasta que La Cutusa insistió en que la acompañara al Saltamontes o Galaxia. Los sacudones del juego estuvieron tan buenos que terminé mareado al grado de no recordar cómo se llamaba el armatoste ese, y con 80 pesos menos en la cartera. Hay quienes gustan de esas emociones, pero ojalá el comité organizador les baje un poco la renta para que duelan menos las náuseas por voluntad propia.

Y por subirme al dichoso juego ese del demonio se me alteró todo. Como buen macho omega grasa en pecho, espalda peluda, nalga de cebolla, abdomen de lavadora y bebedor de cerveza light, caí al suelo cuan ancho soy, apenas tres pasos después de la escalera, ya con la calentura desatada.

La Xtabay andaba pasando apuros, gritando “¡qué te pasa, Jhonny, si ni has tomado en todo el día!”. Ya hasta parecía que se me había subido peligrosamente el nivel de sangre en el alcohol, pero fueron los efectos de haberme pasado media mañana en el calor. Terminé dándole mis llaves, pidiendo auxilio para incorporarme y andar despacio para llegar al auto. Hicimos escala en la primera farmacia que encontramos, para un ibuprofeno, y a dormir.

Macho omega que se respeta

Una escoba de huano puede ser una gran amiga en el hogar. “Si le pones una camiseta vieja, hasta parece que trapeaste”, dice la voz femenina… Por definición, trapear implica utilizar un trapo. Por cierto, ahí terminan las camisetas que regalan en las campañas.

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