Anomalisa o el viaje de la elección

De principio a film

Rodrigo González
Foto: Especial
La Jornada Maya

Lunes 25 de junio, 2018

Michael: (to Lisa) I think you´re extraordinary.
Lisa: Why?
Michael: I dont´ know yet. It´s obvious to me that you are.

Desde que Charlie Kaufman irrumpió en las pantallas con el brillante guión de Being John Malcovich se hizo de un lugar incuestionable como una de las mentes más brillantes de la industria del cine. Con sus aportaciones al arte de escribir y contar historias, nos ha hecho enfrentarnos a cuestionamientos que habitan en la mente de todos nosotros y que la sociedad en la que vivimos se encarga continuamente de opacar.

Una de la funciones principales del cine es que más allá de entretener, las películas son registros de su propio tiempo y sus autores, testigos. Pero cuando los autores trascienden ese papel y logran dirigir nuestra mirada hacia procesos fundamentales de nuestra humanidad y su significado, es cuando contemplamos verdaderas obras de arte, indistintamente del género de la cinta.

Charlie Kaufman nos ha llevado por los derroteros de la mente humana cuestionando la identidad (Being John Malcovich), el origen de la personalidad (Adaptation), el dolor y las cicatrices emocionales (Eternal Sunshine of the Spotless Mind) y ahora como director y guionista en Anomalisa, el porqué de las elecciones que hacemos a lo largo de la vida.

En esta película animada, Kaufman y Duke Johnson como directores nos cuentan la historia de Michael Stone, un conferencista y creador de métodos de autoayuda dirigidos a elevar la productividad que es invitado a Cincinnati a dar una conferencia y durante ese viaje y su breve estancia en la ciudad es atacado por sus recuerdos y por el resultado de las decisiones que tomó en el pasado.

La forma de exponer la historia es brillante: Kaufman maneja de manera exquisita detalles que comienzan a sonar y a parecer extraños a nuestra mirada, como el hecho de que todos los personajes secundarios tienen la misma voz (Tom Noonan) y la misma cara, sean hombres o mujeres, o que los diálogos se repitan en ocasiones, lugares y situaciones distintas y Michael parezca no darse cuenta. A través de este adormecimiento la idea del absurdo y la inconsecuencia de decidir una cosa u otra en la vida es como entramos en la angustia vivida por Michael. Una carta donde su ex mujer le cuestiona las razones para haberla abandonado y el volver a buscarla, nos permite ir desenmarañando (o eso creemos) el plano emocional de nuestro personaje.

Entonces conoce a Lisa (Jennifer Jason Leight, fantástica), una mujer que tiene una fascinación casi enfermiza por el trabajo de Michael y una terrible percepción de sí misma. Y es el hecho de que su voz sea diferente a la de todas las demás personas lo que provoca que Michael se aferre a la idea de estar con ella.

Y entonces Charlie Kaufman se da el lujo de destruir de un plumazo todo lo que creímos que estábamos viendo y nos obliga, con la simpleza de una frase, a entender que esa crisis de Michael es la crisis de muchos de nosotros, y nos lleva a contemplar la posibilidad de que el origen de la gran mayoría de nuestros dolores emocionales está en nuestra negación a ver a las personas como realmente son y construir para nosotros una mejor imagen de los demás, esperando que los demás hagan lo mismo con nosotros mismos.

Por eso todo es repetición, por eso todo deja de tener sentido, por eso aquello que es único y diferente se convierte ante nuestros ojos un objeto de deseo absoluto, un reflejo de lo que perdimos en el camino y que queremos por sobre todas las cosas recuperar. Por eso nos enamoramos a la menor provocación y nos desenamoramos sin explicación alguna. Por eso defendemos irracionalmente los pequeños triunfos de la vida aunque nos hayan costado la vida misma o hayamos tenido que destruir la vida de alguien más. Sin duda una reflexión vale la pena tener a la mano en cualquier momento.

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