Itzamkanac o El Tigre

En el municipio de Candelaria

Antonio Benavides C.
Foto: Eduardo Antonio Pool López
La Jornada Maya

Miércoles 11 de julio, 2018

La cuenca del Río Candelaria fue el eje de varios importantes asentamientos prehispánicos cuyos vestigios más antiguos datan del Preclásico Medio, es decir, del año 1000 al 400 a.C. (hace un mínimo de 24 siglos). Esa región estuvo densamente ocupada desde entonces y continuó habitada hasta el siglo XVI, cuando se le conocía como Acalan, y en la que existía un activo comercio con otras regiones del México antiguo al tiempo en el que arribaron los conquistadores españoles.

A lo largo de esos siglos la gente y las mercancías se desplazaban por caminos de agua; por el río y sus afluentes, por sectores anegadizos en los que la mayor parte de la población era chontal (también llamados magtún o putún). No deben confundirse con los chontales de Oaxaca, que constituyen una etnia diferente.

Hernán Cortés y sus acompañantes anotaron que el nombre de la región, o “provincia”, como le llamaron los europeos, derivaba del término náhuatl acalli (que significa: canoa). Ello se debía al amplio uso de cayucos y canoas, porque en ese tiempo la mayoría de los caminos eran de agua: ríos, arroyos, lagunas, sectores anegadizos, etc. Se usaban embarcaciones de una sola pieza de madera, troncos enormes que ya no existen por la fuerte deforestación que han sufrido las selvas del suroeste campechano y del oriente de Tabasco.

Según el documento Probanza de Francisco Maldonado, en Acalan había 76 comunidades, siendo Itzamkanac la principal y Paxbolonacha su gobernante. En 1535 el funcionario de la corte española Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez inició los tres tomos de su Historia General de las Indias. Ahí registró que en Acalan había alrededor de mil casas de materiales perecederos. Considerando esa cifra podría calcularse una población promedio de 4500 habitantes. A la manera de muchos poblados del periodo Posclásico, Itzamkanac estaba integrado por cuatro barrios: Atapan, Chabté, Padzunum y Tazactó.

Las fuentes históricas nos dicen que en la región también ocurrió el asesinato de Cuauhtémoc, el último emperador mexica, en 1525, a manos de Cortés. No se indica exactamente dónde ocurrió el hecho, ni tampoco qué se hizo con los restos mortales del tlatoani y sus acompañantes.

Tras la conquista hispana del centro de México las redes comerciales a larga distancia se truncaron, las nuevas enfermedades (como viruela y varicela) mataron a mucha gente y el sistema de encomiendas hizo que muchos poblados fueran abandonados. La región de Acalan no fue la excepción y la selva cubrió a la antigua Itzamkanac (“la casa del lagarto y la serpiente”).

En la década de 1950 el arqueólogo Román Piña Chan, del INAH, inició las investigaciones relacionadas con el sitio, que ya para ese tiempo era mejor conocido como El Tigre, nombre dado a los vestigios prehispánicos cercanos a un ejido con ese topónimo. En realidad, se referían a los jaguares, dado que en el continente americano nunca existieron los felinos africanos o asiáticos.

Después, en la década de 1980 Lorenzo Ochoa Salas reanudó los estudios en la región y comenzaron las excavaciones y primeras labores de consolidación de los edificios mayas. Así supimos de la existencia de muchos otros asentamientos de la cuenca del Candelaria como San Enrique, Salto Grande, Cerro de los Muertos, Taxahá, Cerro Pelón, Pedregal, Santa Clara y muchos más.

A lo largo de los noventa y en el nuevo siglo prosiguieron las investigaciones históricas y arqueológicas, en especial aquellas encabezadas por el arqueólogo Ernesto Vargas Pacheco, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, acompañado por especialistas como Angélica Delgado Salgado, Teri Erandeni Arias Ortiz, Kimiyi Teramoto Ornelas e Ivan Urdapilleta Caamal.

Hoy la zona arqueológica de El Tigre, en el municipio de Candelaria, está abierta al público todos los días del año, desde las ocho de la mañana hasta las 17 horas. Entre las construcciones visitables se cuentan varios basamentos piramidales, algunos edificios con mascarones de estuco modelado y un juego de pelota.

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