Las aventuras libertarias de los amorosos

¿Qué tan complicado puede ser vivir, sufrir y disfrutar el amor?

Alfredo Coello Torres
Foto: Portada del libro
La Jornada Maya

Jueves 9 de agosto, 2018

¡Oh, tú, sensual seductor ultra sentimental!
Una mujer te lleva por la punta de la nariz.

Mefistófeles

¿Qué tan complicado puede ser vivir, sufrir y disfrutar el amor, en pareja, en triángulos amorosos o en la promiscuidad sexual donde el ya famoso menage a trois muchas veces ha pasado ya de moda, en aras de las orgías dantescas y lujuriosas de nuestro querido y desastrado siglo XXI? ¿Son los sentimientos una coartada al amor y su prédica la utopía y solución al conflicto de las parejas modernas? Son inúmeras las preguntas como también las respuestas; es también el enredo y laberinto emocional entre la escritura de la novela y la vida cotidiana. Y en este enredo literario las metáforas verbales no son sino el lenguaje de los sentimientos donde sumerge sus cuatro novelas del escritor Lorenzo León y que, para suerte de crédulos o incrédulos, militantes del cuerpo erótico y su ancla a la angustia de vivirlo, encuentra en Concupiscente su estado latente o la promiscuidad en La Revolución de los Sentimientos, Ramal de Espinas y Zentro; son estos cuatro títulos que reúne y que le dan cuerpo al libro de reciente publicación.

En La revolución de los sentimientos, nos dice León: “La historia de cada mujer y cada hombre es reptilesca. Son cofres llenos de huecos, repetición, cansancio, fragmentos luminosos e instantes de adoración. El entusiasmo es un secreto a rehacer todos los días.” Digamos que este es un punto nodal desde donde sitúa a sus personajes femeninos, pues el otro es Orso, que viene a ser el personaje masculino y alter ego del escritor.

Hay una suerte de buceo-boxeo (como método de escritura), donde el juego de los personajes señala el camino de regreso a los sentimientos, sin abandonar el espacio del lenguaje y sólo cuando escapan a su propio sentido hermético, las metáforas del lenguaje son comprensibles. Y aún así, en el interior de esta novela nos encontramos con Eleanei, la amante de Orso, quien se atreve a afirmar que los sentimientos carecen de lenguaje. Y éste es el dilema, el misterio y la encrucijada entre lo sagrado y lo profano que invierte las relaciones amorosas, eróticas y conflictivas que explora esta novela. Y en este libro serán reveladas las orgías rituales vinculadas a las fiestas del lenguaje que intuye y sugiere el interdicto que se oponía a la libertad del impulso sexual.

El erotismo es en su esencia exceso peligroso. Su contagio explosivo amenaza indistintamente a todas las posibilidades de la vida. Y precisamente aquí confluye Sade con Lorenzo León, Sade se expresa así: “No hay mejor medio de familiarizarse con la muerte que aliarla a una idea libertina.” y León abre su novela Concupisciente con ésta cita de Georges Shehadé: “Para nosotros la muerte es una flor del pensamiento”. Y en el transcurso de la lectura de estas novelas se darán cita una cantidad de personajes que juegan entre el placer, la sexualidad, a veces en medio de la orgía, donde el placer es la paradoja de un juego sin límites y donde el erotismo – en el más puro sentido Batailliano - es una experiencia que no podemos apreciar desde afuera como una cosa.

“Gracias al lenguaje – dice George Steiner – podemos contar nuestros sueños, interpretar nuestras necesidades, narrar historias, ficticias o cosmológicas…” y la narrativa de la novela de León atraviesa intimista y al mismo tiempo, desnuda y desgarradora, el acontecer del alma humana, cuando se estrujan los sentimientos, cuando se tocan los limites de la sombra que está del otro lado de la aventura sexual y de la vida misma.

En situaciones como éstas, el escritor abre el abanico de su narrativa: “He cometido grandes errores – dijo Orso a Radira –. Entre ellos está mi grande traición al amor de las mujeres. Creo que allí sobre todo está el origen de mi insencencia.” Y nuestra apreciación es la de que sólo cuando escapan a su propio sentido hermético, las metáforas del lenguaje son comprensibles. En ésta palabra–situación, radica la sustancia de la novela y la búsqueda de las metáforas del lenguaje Lorenziano para definir su creación, como esencia entre los sentimientos y la contradicción flagrante de su negación; es decir, donde las situaciones cotidianas inventan la piel de los labios, la de las vaginas escrutadas en el olor de su historial erótico, donde las axilas de los amantes huelen a lo mismo cuando son pareja y al mismo tiempo, marcan la distancia entre lo que significa ser amante del sexo hasta la sedición de la memoria y la traición.

La novela que le da título al libro cierra la distancia entre la literatura de la embriaguez y la apuesta por un “evangelio de los sentimientos”, donde su prédica es vivir todas la situaciones en el desenlace erótico del éxtasis y la autodestrucción a un mismo tiempo y en sus personajes, a la vez narra la porosidad de las mujeres con que se exploran a sí mismas desde lo más profundo de su corporeidad sexual y erótica.

En el prólogo al libro Roberto Abuin escribe: “La revolución de los sentimientos no son relatos autobiográficos, tampoco cuentos, menos una narración ortodoxa al estilo. Y sin embargo es todo ello, junto, unido, en cierto modo revuelto, pero con un cierto orden interno, un orden taumatúrgico.” Hay en estos sentimientos una estética de lo obsceno y su transgresión se ubica en el campo de la experiencia, igual lo encontramos anclado a San Juan de la Cruz y Santa Teresa como continuación de su experiencia mística y su relación con George Bataille o con Ismail Kadaré.

Quien se atreva, pues, a la lectura de éste texto encontrará un verdadero reto insospechado. La propuesta del autor es una aventura a la exploración de lo cotidiano como al mismo tiempo a lo desconocido de las diferentes sexualidades del ser humano. En un vuelo aéreo se van a encontrar a un sacerdote que le tocó viajar junto a una mujer: Rita se llama ella y sospecha es seropositiva de sida, aunque nunca se confirma. La relación y el diálogo entre ellos toca un tema tan actual en los días de hoy. Y el lector se preguntará qué puede ser más actual que los conflictos de violencia y elecciones en nuestro país.

Aquí el lector se encontrará con un tema que la literatura mexicana escasamente ha planteado; se trata de la sexualidad masculina en el sacerdocio y de un tema tabú: la masturbación entre los seminaristas y sacerdotes católicos en honor al onanismo más plural y clandestino, al cual la iglesia y el cristianismo han condenado palmariamente. El sacerdote y la mujer en un acordeón de citas bíblicas trascienden el carácter sagrado de la sexualidad y la pretendida especificidad sexual de la vida mística se rompe, cuando la mano de ella explora el cierre de la bragueta sacerdotal. Este es el reto que Lorenzo León propone en su novela Concupisciente. Es un tema bíblico y a la vez erótico-sensual-sexual y con un cachondeo libertino y divertido. La ironía abunda en el avión del mismo modo que el alcohol circula entre los pasajeros excesivamente briagos.

Concupisciente es un relato de largo aliento donde el lector circula en el interior de un avión. Y por extensión todo sucede en la interrogante de no tener la certeza del destino, tanto del personaje Rita como de Issac. Entre ellos construyen un discurso poco común en la literatura mexicana. Un diálogo carnal y teológico entre un sacerdote y una mujer infectada por un virus que se encuentran en el mismo vuelo: “Se veía que el sacerdote no creía en un doble juego, en la sotana y el prostíbulo, por ejemplo, sino ahora, que lo masturbaba francamente, no dejaba de discutir con su conciencia. ¿Y porqué en lugar de enamorarte de Dios no te enamoraste de una muchacha?” Le inquiere Rita al sacerdote Issac. Podemos, entonces, vislumbrar la importancia del tema cuando acompañamos a Rita en su angustia de madre dejada, infectada y con un hijo al que tendrá que abandonar. Y uno, como lector, se puede imaginar una especie de confesionario volátil, donde el sacerdote se inviste como el pagano secular sin abandonar la sotana y la confesada es la encarnación de la excitación provocada por el demonio de la tentación en su enfermedad.

Esta novela debe de abrir una discusión no sólo a nivel teológico, tan necesaria en estos tiempos, como también en la literatura “mexicana” e inclusive universal que se vive en estos días aciagos del sacerdocio católico, acompañado por los escándalos de pederastia. Prueba de esto es la renuncia de los 80 obispos chilenos por sospecha de tales prácticas abusivas de los sacerdotes del sur. Desde luego que éste no es el tema de la novela y sí el de la concupiscencia entre la disyuntiva erótica sexual de la masculinidad y la represión erótica del sacerdocio. Hoy tan actual. Ineludible su lectura y altamente excitante, pues, aquí el lector va a encontrarse con el reto de lo banal o a la construcción literaria en un espacio continuo con lo alto y lo divino en la palabra bíblica.

También el lector se va a relacionar con una periodista pasante de la licenciatura de comunicación en la Universidad Iberoamericana: Laura. Un día en pleno Zentro de la ciudad está cubriendo una manifestación de taxistas en huelga, de pronto todos se encueran y sucede… lo que sucede. La chiquiti guau de la Ibero se deja seducir por la desnudez de los manifestantes. Hay en éste texto una lectura apasionante de la geografía y la historia cotidiana del centro de la ciudad, de sus calles más tenebrosas pobladas por asesinos y prostitutas.

Lorenzo León Diez es un escritor que ha transitado por diferentes géneros de la escritura, director de revistas universitarias, como también periodista a temprana edad en uno de los periódicos más importantes a nivel nacional. También ha incursionado en el género del cuento del que fue alguna vez premio nacional, ha publicado un libro de poemas y varias novelas, donde el erotismo es el centro de narrativa.

Por cierto, ahora recuerdo la presentación de una de sus novelas, el filosofo y poeta Enrique Gonzalez Rojo fue uno de los participantes y tituló su presentación; “Enigma y deseo de una novela libertaria,”, se trataba en aquel entonces de la novela de Lorenzo León “Fragmente, Diario de un adicto al sexo” editada por Eón. Corría el año 2009. Y me gustaría cerrar esta breve reseña de La revolución de los sentimientos al recordar algunas de las palabras del poeta con las que terminó su presentación de aquella novela: “Lorenzo: quiero felicitarte por esta extraordinaria novela que nos has obsequiado. Sorprende en ella el lenguaje punzante y vertiginoso, inteligente y poético… En nombre de tus lectores presentes y futuros: Lorenzo muchas gracias.!”

Hoy en el 2018, cuando el maestro González Rojo lea la más reciente novela de León Diez, estoy seguro, va hacer la misma invitación a los lectores. ¡Léanla, se van a divertir!

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