Carlos Prieto cautiva a yucatecos en concierto con la OSY

A sus 80 años, mostró cualidades que lo equiparan a Casals y Rostropovich

Jesús Mejía
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Domingo 9 de septiembre, 2018

Con gran lucidez y dominio de su instrumento, el cual toca desde los cuatro años de edad, el octogenario chelista mexicano Carlos Prieto atrapó la atención y cautivó al público del Teatro Peón Contreras en su presentación con la Orquesta Sinfónica de Yucatán.

Poseedor de una trayectoria artística que lo coloca a la par de grandes chelistas como Pau Casals y Mstislav Rostropovich, ganador de innumerables reconocimientos y autor de unos 20 libros, políglota, en Carlos Prieto la vejez dejó de ser un estereotipo de declive de facultades.

Con gran dominio técnico en el empleo del arco e innumerables pulsaciones de las cuerdas, el solista interpretó “Espejos en la arena”, una obra que encargó al compositor Arturo Márquez y que estrenó en el año 2000 con la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta de su hijo del mismo nombre.

El músico recordó a grandes talentos que en la tercera edad dieron muestra de gran lucidez mental y plenitud de facultades como el pianista Arthur Rubinstein o el propio cellista Paul Casals, quienes a los 90 años seguían ofreciendo conciertos. Incluso el chileno Claudio Arrau lo hacía a los 85 años al piano.

“Sólo espero que la vida me de más años todavía para seguir llevando música a todos los públicos”, expuso en conversación antes de su presentación, en la que mostró su dominio sobre más de 220 obras creadas para él y su violoncello en su larga y brillante trayectoria artística por todo el mundo.

Con su entrañable instrumento, proveniente de la dinastía de los Stradivarius, al cual le dio el mote de “Chelo Prieto”, el multifacético músico (también es ingeniero y economista egresado del Instituto Tecnológico de Massachusetts) alternó los pasajes con la orquesta y desplegó sonidos sin mácula, los cuales se escucharon con claridad en todo el teatro.

El compositor sonorense Arturo Márquez, chelista también, procuró que las secciones de cuerdas y metales de la orquesta no opacaran las partes solistas, por eso, Carlos Prieto pudo salir airoso y dejar su impronta ante las miradas de asombro del público que llenó el teatro.

El final fue de estruendo. Un intenso y prolongado aplauso coronó la actuación de Carlos Prieto, quien dotado de sencillez y con permanente sonrisa obsequió a los presentes, un encore, una de las Bachriaciones para cello inspiradas en la obra de Johann Sebastian Bach del desaparecido compositor de jazz mexicano Eugenio Toussaint.

La presentación de Carlos Prieto se dio en el contexto del primer programa de la XXX Temporada de conciertos de la OSY dedicado a compositores mexicanos, un repertorio con sabor a septiembre, llamado coloquialmente “Mes de la patria”.

Con gran aceptación, bajo la batuta de Juan Carlos Lomónaco, la orquesta mostró gran nivel de interpretación del pasaje de ballet Balada del Venado y la Luna de Carlos Jiménez Mabarak, sí, el autor del famoso motivo musical de las Olimpiadas de México hace exactamente 50 años.

Tras la evocación musical de Janitzio del gran Silvestre Revueltas, siguió “Sones de Mariachi” de Blas Galindo, una secuencia de sones jaliscienses, La Negra, El Zopilote y Los cuatro reales integrados para orquesta que avivó el ambiente y los ánimos nacionalistas en el Peón Contreras.

Con la cereza del pastel, Huapango de José Pablo Moncayo, la OSY redondeó el concierto. Las famosas escalas, cadencias y pasajes alternados de las cuerdas con los alientos madera, metales y percusiones, y el solo del arpa, fascinaron como siempre a la concurrencia.

“Huapango” es una obra que puede escucharse mil veces y las mil veces el público estalla al final en júbilo, motivo por el cual sigue siendo considerada el segundo himno nacional mexicano, aunque también hay quienes señalan que ese lugar lo ocupa “Canción Mixteca” que muchos conocen como “Cielito Lindo”.

A 77 años de su estreno, “Huapango” forma parte de la esencia cultural de México y tiene lugar asegurado en las futuras generaciones.