Sobre la necesidad de una oposición fuerte

Un verdadero contrapeso; una voz propositiva

Rubén Torres Martínez*
Foto: La Jornada
La Jornada Maya

Jueves 20 de septiembre, 2018

El presidente electo AMLO llegará a la Presidencia con un colchón de gobernabilidad alto; de igual manera sus operadores en el aparato legislativo federal se han encargado de ganar los espacios realmente importantes para la operación política, e incluso han logrado construir alianzas que les otorgan mayorías absolutas en el Congreso de la Unión. Y es que si algo ha desarrollado el Presidente electo en su larga carrera política, es el tacto para comprender el sentir del mexicano promedio. Ya hemos señalado anteriormente que una de las grandes virtudes que debe reconocérsele a AMLO es su profundo conocimiento de una historiografía mexicana, la que mejor se adapta a su discurso y a las circunstancias actuales del país.

Los llamamientos a Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas son sólo una muestra de la manera en que AMLO concibe la historia, y por ende la emplea en sus discursos, más que en sus proyectos. La “austeridad republicana”, la “justa media” el “primero los pobres” entre otras frases obedecen a un discurso de claro corte popular y nacionalista a la vez; es un llamamiento a ese sector de la población mexicana que mantiene cierta nostalgia por un Estado interventor fuerte. Por eso sus más acérrimos críticos no han dudado en señalar que AMLO significa el regreso a las épocas de Echeverría y López Portillo. Pero el Presidente electo tuvo el cuidado también de adaptar su discurso a las nuevas generaciones, un discurso mucho menos combativo y de confrontación que en el pasado, un discurso más conciliador y mucho más cercano a los jóvenes; frases como “abrazos, no balazos”, “diálogo, diálogo y más diálogo”, lo acercan a este sector cansado de la violencia.

El problema de este tipo de discurso es que complace a todos pero no compromete al personaje con nada ni con nadie. Se trata de un discurso transversal que toca emotivamente a varios sectores de la población mexicana. AMLO en ocasiones parece continuar en campaña, y cierto es que quien gobierna aún es Enrique Peña Nieto, pero se trata ya de un lame duck o “pato rengo”, es decir, alguien de quien sus capacidades reales de poder se han visto enormemente disminuidas; es por ello que AMLO debería comenzar a cuidar más los mensajes implícitos y explícitos que continúa enviando. Puede ser de tal magnitud la contradicción del discurso que hoy en día no queda claro que va suceder con el nuevo aeropuerto de la ciudad de México (NAICM). Nadie ha entendido y parece además que nadie quiere entender.

Si a lo anterior sumamos justamente congresos locales ad hoc y sometidos al poder ejecutivo, entonces si podemos esperar un gobierno presidencialista de regreso. Y es quizá lo que busca AMLO, insistimos en que muchos de sus actos se basan en una construcción a partir de hechos y fenómenos históricos, patrióticos. Es este conocimiento el que provoca que AMLO decida ser un presidente fuerte, no forzosamente democrático, ni tampoco autoritario como algunos quieren hacer creer, pero si de resultados, aun cuando ello pueda significar golpes de mando en la mesa. Y decimos que no se tratará de un presidente autoritario por el riesgo enorme que ello representa para el rol con el que quiere ser recordado, el papel que cree él debe cumplir en la historia.

Al final será un presidente fuerte, que buscará crear consensos, pero si éstos no se logran no dudará en acudir a su mayoría para imponerse. AMLO no quiere poderes locales “independientes”, observó la experiencia de los doce años del panismo con un sistema federal que terminó en algo parecido a la colonia y los virreyes. AMLO no quiere ser el FOX versión 2.0 de la historia. Eso explicaría muchos de los movimientos que está realizando con los nombramientos que hace, la idea de los delegados estatales corre en esa lógica.

Oposición, un verdadero contrapeso

Es justamente por eso que hoy más que nunca se requiere que la oposición juegue un verdadero rol de contrapeso, una voz disidente que no sólo advierta de los peligros inminentes del eventual regreso del presidencialismo, sino una voz propositiva, capaz de oponerse pero de construir al mismo tiempo, cosa que al menos los priístas no hicieron durante los doce años de gobiernos panistas.

El célebre Pacto por México fue un tímido intento por parte de la oposición por verse propositivo; la realidad es que se trató más de lógicas pragmáticas y de sumisión hacia el presidente EPN en su mejor momento. Ni PAN, ni PRD fueron capaces de tratar de construir algo en ese pacto, sólo se subieron al proyecto peñista; lo que es actualmente Morena criticaron al cansancio la propuesta del Pacto por México, pero no cuidaron de presentar algún tipo de alternativa.

Algo parecido puede suceder en el sexenio que está por comenzar pero invirtiendo algunos roles. Morena tendrá mayoría y no podemos esperar sino que sus aliados PT y PES se suban al tren morenista; el PRI, no nos queda la menor duda, también se subirá a la ola para tratar de salvar los pocos platos que aún quedan en la casa; PRD ya se comenzó a plegar al líder y los más descarados de la comarca son PVEM y MC; el primero otorgando legisladores a cambio de favores políticos y con ello dándole la mayoría calificada a Morena; y el segundo con sus ridículos comerciales en radio y TV donde de manera fresca y extremadamente pragmática ofrecen sus votos a AMLO. ¿Así o más descarado?, ¿y la ideología papá?

Queda entonces el PAN, como la eterna oposición que puede, y deberá ser, crítica y propositiva a la vez; la que no deberá confrontar en automático al ejecutivo sino plantear alternativas en lo que considere no estar de acuerdo con la mayoría. La gran pregunta es si el PAN estará a la altura del momento histórico. Sólo el tiempo lo dirá.

Zoom anatómico

Nunca fue más claro, lo de Cuauhtémoc Blanco es sólo la punta del iceberg de que la otra verdadera oposición a AMLO y Morena vendrá desde el PES. Lo de las elecciones fue una mera coyuntura pragmática para ambos. Pero no nos confundamos, tampoco será una oposición constante, y es que volvemos al manejo de la historia por parte del presidente electo, y eso, eso lo hace en el fondo un presidente mucho más conservador de lo que muchos creen.

* Profesor del CEPHCIS.

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