Yucatán no aguanta más a la CFE

Tal pareciera que pretenden acabar con las empresas

Eduardo Lliteras Sentíes
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Jueves 25 de octubre, 2018

En días recientes, en redes sociales, discutía con una ex asesora de la ex senadora priísta Angélica Araujo Lara sobre los frutos amargos de la llamada reforma energética: combustibles cada día más caros, energía eléctrica por las nubes, gas encarecido y además escaso, al grado de que las empresas del sureste mexicano se encuentran con la amenaza de la escasez para el cierre del año y, en Mérida, gasolinerías por todos lados en detrimento de la calidad de vida.

Socarronamente le dije: "es muy fácil, les invito amablemente a que salgan y vayan casa por casa, hablando de las bondades de la reforma energética. Y veamos hasta dónde llegan". Lo mismo sería recomendable para los demás senadores y diputados que la defendieron y aprobaron, tanto en el PAN, como el Verde y otros partiditos de cinismo sin fin. Hay que invitarlos a que nos den explicaciones de por qué lo único visible de la reforma energética -además de los jugosos contratos de políticos y trasnacionales- son la multiplicación de gasolinerías en nuestras ciudades, carestía de luz y gasolina, y nada más, porque el resto son promesas, como siempre, de que en el futuro bajarán las tarifas; de que algún momento del mañana resplandeciente del México convertido en potencia veremos que tenían razón. Para entonces todos estaremos muertos o quebrados, salvo este gobierno federal y sus funcionarios, que se van cargados de dinero e impunes.

El yucateco José Manuel López Campos, presidente nacional de la Concanaco, ha alertado del suministro inadecuado de gas natural, lo que encarecerá la generación del fluido eléctrico, a pesar de que Pemex dijo hace apenas dos días que el suministro está asegurado.

Es decir, si hay escasez de gas tendríamos un incremento más a las tarifas eléctricas, lo que significaría la quiebra inmediata de incontables restaurantes, comercios e industrias en Yucatán y en la península, ya atenazada por la rampante inseguridad en sus dos flancos. Las consecuencias sociales y económicas serían devastadoras y Yucatán dejaría de ser la Suiza tropical, aunque la máscara, de suizos o escandinavos, se nos está cayendo desde que se fue Rolando Zapata Bello y su gabinetazo de “expertos”.

Lo dice muy claro la Canirac Yucatán: “El gobierno federal encabezado por Enrique Peña Nieto ha sido un error histórico, el tema de la reforma energética es un total engaño, el cual ha quedado de manifiesto con el incremento de precios en los energéticos tales como la gasolina, el gas LP y ahora la energía eléctrica”.

Hablando en corto con empresarios del sector, la afirmación es lapidaria: “es una gran mentira que la economía de Yucatán esté boyante, que todo esté muy bien".

“La realidad es que no hay dinero”, nos dicen entre las denuncias por los cobros disparatados que la Comisión Federal de Electricidad, la que busca tener números negros aplicando aumentos del orden del 100 al 300 por ciento a restaurantes y comercios en Yucatán, está asfixiando a las Pymes, que son el sostén del empleo, la economía y la paz social.

Tal pareciera que pretenden acabar con las empresas. Como dice la Canirac Yucatán y su brava presidente, Alejandra Pacheco, quien ha alzado la voz por todos los restauranteros agobiados y al borde del estallido: “El gobierno federal ¿qué está buscando? ¿Desaparecer a las Pymes? Eso no lo vamos a permitir, somos el 90 por ciento de los empresarios del país, por lo que alzamos la voz. ¡Exigimos una respuesta de las autoridades¡ ¡Ya basta de abusos! ¡Ya basta de engaños¡”

Por lo pronto, oídos sordos desde la capital de la República. La Comisión Reguladora de Energía no responde. Sus personeros no resuelven nada. Se justifican diciendo que la Comisión Federal de Electricidad debe salir de los números rojos, y que los ciudadanos debemos pagar más. Punto. Tomen su reforma energética.

Cajón de sastre

Cosas veredes, querido Sancho. El otro día en la ciclovía a Cholul vi venir hacia mí, de forma un tanto errática, a un ciclista sin casco y en una bici de mujer. Por un momento pensé que me impactaba, y grande fue mi sorpresa al descubrir a Humberto Hevia Jiménez, ex director de Transporte del gobierno del estado, pedaleando. “Me gusta mucho la bicicleta”, me dijo, no sin dejar de ironizar que “no tiene dinero para comprarse una bici como la mía”. Le dije: “suerte tienes que no te grabo para un meme”. Y se fue pedaleando con su bolsa del mercado. Preferible, a subirse a los camiones que llegan a Cholul, viejos, llenos y oxidados. No sea que los pasajeros lo reconozcan y se burlen de él o peor, se la mienten.


Mérida, Yucatán
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