Nostalgia por el debate

Leer los tiempos

José Ramón Enríquez
Foto: La Jornada
La Jornada Maya

Miércoles 7 de noviembre, 2018

El debate enseña, el discurso de autoridad catequiza. Y una de las grandes lecciones del 68, al ver desde la perspectiva de cincuenta años a sus diversos personajes, es que el debate ganó a la larga una batalla que el catecismo autoritario perdió para siempre.

Por aburridas, reiterativas, incluso tontas que fueran las inacabables asambleas estudiantiles fueron también plurales y democráticas. Muy probablemente porque la inmensa mayoría de los estudiantes estaba despolitizada y las diversas corrientes de pensamiento, inclusive de derecha, estaban representadas pero ninguna era hegemónica. Además de la fiesta liberadora que fue, sin duda, el Movimiento, fue también una escuela. Y en ambos sentidos, aunque fue reprimido, terminó por ganar su batalla en las conciencias.

Incluso desde la perspectiva de la izquierda, el Movimiento y sus secuelas cambiaron la costumbre secular de hacerse pedazos y borrar toda huella un grupo de otro, de acusarse de traición imperdonable en lugar de resolver en el debate posturas comunes, al menos durante los siguientes quince años.

Todo esto salta a la vista en la publicación, por el Instituto Belisario Domínguez del Senado, de El 68: Una historia oral más allá de la masacre de Tlatelolco de Emiliano Ruiz Parra, cuyo magnífico oído para el reportaje coral le ha valido el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2016 por Obra negra. Demuestra tanto sensibilidad como inteligencia para convocar, precisamente el 26 de julio de este 2018, a distintos personajes representativos de los acontecimientos a cincuenta años de la fecha que se considera inicial del Movimiento. De economía de la UNAM, invitó para reunir memorias a Josefina Alcázar, José Luis Araiza, Margarita Castillo, Jorge Martínez y Almaraz, Joel Ortega Juárez, Francisco Pérez Arce y Amalia Zepeda. Del Politécnico, a Humberto Campos, César Enciso y Severiano Sánchez. De la ENAH, a Mariángeles Comesaña.

Así explica su intención: “Cuando llega el momento de las efemérides y conmemoraciones, aparece siempre la tentación de hacer ceremonias luctuosas, tallar en piedra los nombres de los mártires y darle la vuelta a la página como si de un trauma superado se tratara. Este libro tiene una intención por completo distinta: aspira a capturar el impulso vital y libertario del Movimiento Estudiantil y a confrontarlo con el México de 2018”.

Con el Movimiento llegó también a nuestro país la liberación femenina cuyos ecos de otros ámbitos apenas se habían escuchado. Es un acierto muy especial que Emiliano Ruiz Parra no sólo haya convocado a tres mujeres brigadistas de aquellos tiempos sino que también dedique al tema un capítulo, “Ser mujer en el Movimiento”.

Si un sólo mes, julio del 68, lanzó la liberación femenina a un viaje sin retorno, no ocurrió lo mismo con el debate abierto y constante. Las aguas libertarias del 68 empaparon los 70 pero se fueron secando en los 80 conforme la lucha electorera volvió a sacar los cuchillos de una izquierda fratricida.

El debate amplio (sin descalificaciones fáciles, sin acusaciones de traición a la patria) debe ser retomado por las diversas izquierdas que deambulan sin programas y sin proyectos a pesar de que “El primero de julio los brigadistas tomamos el país”, como afirma Pablo Arroyo en el libro de Ruiz Parra. Otros de los convocados pensaban lo mismo pero no todos. “Josefina Alcázar no compartía el optimismo: si algo imita López Obrador del 68 era el asambleísmo, pero el de menos calidad, el de la unanimidad a mano alzada”.

Desde 2018, el autor cierra este debate con la reflexión que todos hacemos: “Veremos qué pasa”.

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