Razones para la esperanza

¡Suerte histórica!

José Luis Domínguez Castro
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Viernes 7 de diciembre, 2018

Definitivamente, ¡creo que tengo suerte, una suerte histórica! Soy un septuagenario con suerte que pensaba que ya había visto todo, que ya había soñado demasiado y que muy pocas razones me quedaban para la esperanza.

En efecto, a lo largo de toda mi vida he acudido más a la medicina alternativa y he sido de los que confían más en la homeopatía que en las bondades de la medicina ortodoxa; desde muy joven, le aposté más a una carrera alternativa que a las profesiones convencionales; desde que tengo derecho, he votado siempre por la oposición; en su momento, canté canciones de protesta, me comprometí con el sindicalismo independiente y dirigí una radio diferente.

Nunca pude disciplinarme a un deporte normado, ni alinearme a un partido o a una religión y aunque en su momento practiqué una doctrina, asumí una filosofía, y me comprometí con la educación, convencido de que “algo” se podía hacer por los demás. Al paso de las décadas, las razones para esperar algo nuevo de la vida, cada vez iban siendo menos.

Con todo y que me considero un individuo con suerte en la vida: oportunidades de tener una educación universitaria y algo más; una familia exitosa y un reducido círculo de amigos siempre leales; trabajo y condiciones para inventar siempre algo nuevo en favor de los demás… pero hoy, en los primeros días del año cero de la Nueva República (Muñoz Ledo dixit), me siento más que nunca un sujeto afortunado por la historia. Quienes estamos viviendo este momento, así lo consideramos, pese a la burla de algunos y el escepticismo y diferencias de opinión de otros. Como muchos de mi generación considero que me ha tocado tener una suerte histórica.

¡Hemos esperado tanto tiempo…! ¡Hemos soportado tantas vejaciones nacionales…! ¡Hemos visto caer tantos cedros del Líbano!, hemos soportado con ansiedad e impotencia tanta destrucción de los bienes nacionales, que al volver a escuchar lo que estamos oyendo, al empezar a vivir esto que se ha anunciado como la Cuarta Transformación nacional, no podemos menos que creer, esperar, recuperar la esperanza. Una esperanza gozosa y vigilante a la vez. Una esperanza crítica y exigente. Dejarse envolver por esta oleada de esperanza no significa ser acrítico ni históricamente ingenuo.

He gozado como nunca la amplia entrevista que los periodistas y editorialistas de La Jornada le hicieron a AMLO unos días antes de la toma de protesta. He seguido con detalle la ceremonia misma y el ritual cívico vespertino. Y sin desprenderme de noticieros y periódicos, vuelvo atento la mirada, como muchos de mi generación, a aquellos focos rojos que nos van apareciendo ahora día con día.

Particularmente en Yucatán, los contrastes irán apareciendo al ver los avances de las mafias empresariales de especuladores urbanos y/o constructores empoderados ya por varias administraciones y las demandas más urgentes de la sociedad civil que han sido poco atendidas.

De nuevo se irán dejando entrever los contrastes entre las políticas públicas de un joven gobierno estatal pintado de azul, un ayuntamiento con amplia experiencia y una administración-supervisión federal lejana en distancia y en ideología. Pero nada de esto empaña la esperanza que como ciudadano me anima a seguir luchando desde mi trinchera, tratando de aportar un grano de arena a la Nueva República.

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